Volviendo a la llamada tensa, Cassandra estaba aferrando el teléfono con la mano temblorosa, tomó una bocanada de aire para reunir el valor que le faltaba y retomó la conversación.
—No tengo perdón... —comenzó Cassandra, con la voz rota por el llanto—. Sé que actué de una mala manera contigo, Samantha. Pero tú sabes que no tenía otra alternativa. Si te dije todo aquello, si te aparté de mi lado, es porque estaba siendo señalada y obligada por mis hermanos para cortar todo tipo de comunicación