En el trayecto de regreso hacia la habitación, Cassandra se cruzó con Melania en el pasillo. La mujer parecía haber llegado recientemente, ajustando el abrigo sobre sus hombros con una expresión de nerviosismo.
—Vengo a cumplir con mi horario, señora... —murmuró Melania con timidez al verla—. Me han llamado y vine. El niño todavía necesita que alguien lo cuide, ¿verdad?
—Sí, está bien. El niño está arriba —contestó Cassandra con voz ausente, conteniendo a duras penas la marea de pensamientos qu