…
Los llantos de su bebé resonaban con el viento.
Dentro de la tormenta de arena, su grito de auxilio desgarraba el corazón.
El corazón de Violet se llenó de dolor, sus manos aferrándose a la nada.
Luchando por alcanzar a su hija, avanzó torpemente sobre la arena caliente del desierto, llamándola.
¡Un milagro!
¿Dónde estaba?
Su pequeña figura era como una brisa fugaz, desapareciendo al segundo siguiente de aparecer.
Mimi—
Los pulmones de Violet volvieron a llenarse de polvo, su grito reducido a sollozos rápidos.
Su cabeza se movía de izquierda a derecha con rapidez, mientras se agitaba sobre la superficie blanda.
Algo le sujetaba la mano,
Alguien la estaba sosteniendo…
¿Era su hija?
“Vi…” Pero era una voz masculina. “Violet… por favor despierta.”
Le acarició el cabello, sus palabras tranquilizadoras flotando hasta sus oídos. “Estarás bien… relájate, Vi.”
Violet despertó sobresaltada.
Sus ojos se abrieron de golpe y el techo blanco apareció ante su vista.
Su pecho subía y bajaba con fu