Bernard había llegado a casa y dónde creyó que estaba su esposa no encontró a nadie.
-¡Maldita sea!- Gritó a la nada y le dió un puñetazo a la pared
Buscó algo que pudiera hacerlo llegar a su ubicación, ella no podía irse, no podía dejarlo. Si Monique llegaba a solicitarle el divorcio tendría que pagar una buena suma de dinero y dar muchas explicaciones que solo lo perjudicarían aún más.
En la habitación vio que no había ni rastros de su esposa. Ella no había dejado ni un solo perfume, se ha