— No, no, Jacqueline, es demasiado.
— No hay tal cosa como demasiado.
— Sí lo hay, si estos hombres se sientan a conversar no tardaran en atar cabos y todo tu plan se irá al carajo.
— Ese es tu error cariño, pensar que los hombres se sientan a conversar, sobre todo de situaciones tan bochornosas. Además ninguno es amigo del otro y tú trabajo es darle a acada uno una versión de ti misma tan diferente que jamás puedan imaginar que eres la misma mujer.
— No... no —. Protestaba Zafiro mov