Rocco la dejó frente a una enorme puerta de metal.
— Vamos entra, no tengo todo el puto día.
zafiro estaba acostumbrada a sentir miedo. A enfrentar situaciones dolorosas que hubiesen fragmentado a la mayoría de las mujeres, pero allí de pie. Frente a aquella puerta, rodeada de campo y silencio sintió un pavor que no conocía.
— No sirves para nada! — exclamó Rocco molesto.
Haló la puerta con fuerza y está se abrió con un chirrido insoportable.
— Entra. — ordenó sacando de nuevo la nav