Juan Pablo se acercó a Elizabeth y con una mirada llena de odio y asco dijo en voz baja: - Maldito el día que te conocí, me arrepiento tanto de haberte amado. Estoy tan decepcionado de mí por no matarte con mis propias manos, pero no soy tan bajo.
Elizabeth respiró profundo intentando que las lágrimas no salieran, le dedicó una mirada de decepción, mientras tomó el impulso necesario para darle una bofetada en el rostro, el golpe fue tan fuerte que él sintió un ardor caluroso sobre su mejilla.