La mansión Sinisterra estaba en completo silencio cuando el auto de Leonardo se detuvo en la entrada. La lluvia caía con furia, golpeando con insistencia el techo del vehículo, mientras el viento helado silbaba a su alrededor.
El día había sido agotador, Leonardo como siempre, había sido impecable. Dueño de cada conversación, astuto en cada respuesta.
El regreso a casa fue silencioso. Cuando el auto llegó a la entrada de la mansión, el chofer abrió la puerta, y Alanna intentó bajar rápidamente,