Mañana.
Marcus descendió la escalera, ya vestido para el trabajo con una camisa blanca impecable metida en pantalones marrones oscuros. Un maletín de cuero descansaba cómodamente en su mano.
Se dirigió directamente al comedor.
Elena ya estaba allí, sentada sola en la larga mesa del comedor, comiendo tranquilamente una rebanada de tostada mientras revisaba algunos correos en su tablet.
Levantó la vista cuando Marcus entró.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió Marcus, sacando una silla.
Miró alr