Elena se detuvo al entrar en su oficina.
Un ramo de lirios blancos estaba en medio de su escritorio, acompañado de una pequeña caja de chocolates.
Se acercó.
Una tarjeta descansaba contra el jarrón.
La recogió.
Para ti. Que tengas un buen día.
Eso era todo.
Sin nombre.
Sin firma.
Elena dio la vuelta a la tarjeta y luego miró las flores de nuevo.
No recordaba haber pedido nada.
Alcanzó su teléfono y revisó sus mensajes.
Nada.
Sus cejas se fruncieron ligeramente.
Quienquiera que las hubiera envia