Marcus entró en el ascensor y presionó el botón del piso de la planta baja.
Su teléfono seguía pegado a la oreja.
—Empieza desde el principio.
La voz al otro lado explicó la situación.
La expresión de Marcus se endureció.
—¿Estás seguro?
—Sí, señor.
Miró los números que cambiaban sobre las puertas del ascensor.
—¿Quién aprobó el pago?
Hubo una breve pausa.
—Ese es el problema. No podemos rastrear la autorización final.
La mandíbula de Marcus se tensó.
—¿Cuánto?
Le dieron la cifra.
Sus ojos se e