Elena cerró los ojos con fuerza, preparándose instintivamente para el impacto.
Pero este nunca llegó.
En cambio, sintió una mano firme acunando la parte posterior de su cabeza, protegiéndola del duro concreto cuando cayeron al suelo.
Por un momento…
Ninguno de los dos se movió.
La azotea quedó en silencio.
Solo la suave brisa flotaba entre ellos.
Adrian permaneció sobre ella, con un brazo aún sosteniendo su cabeza mientras el otro estabilizaba su peso.
Sus ojos se detuvieron en su rostro.
La fo