Tan pronto como apareció Camila, Manuel corrió a sostenerla con expresión preocupada, quitándose inmediatamente su chaqueta para dársela.
Al mencionar a mi hermana, Manuel me miró instintivamente, con cierta consideración en sus ojos, pero en cuanto Camila puso su mano sobre la suya, lo olvidó todo.
—Su hermana y yo somos amigos de la infancia, ¡es normal que la ayude a disciplinar a su hermana! No puedo permitir que se desvíe del camino a tan temprana edad.
Me toqué la oreja, efectivamente esta