—¡Valentina! ¡No causes una muerte! —grité, no porque me preocupara Manuel, sino por las consecuencias para Valentina.
Al verme intentar acercarme, Ernesto me abrazó.
—No te preocupes, Bobby está entrenado, no matará a nadie.
Ernesto sonrió:
—Además, esta escoria es tan repugnante que hasta Bobby sentiría asco al morderlo.
Manuel gritaba desesperadamente, aún llamándome:
—¡Liana, no hemos terminado! ¡No estoy de acuerdo! Seguro estás mintiendo, solo lo haces para enfadarme...
Mi hermana rio fría