—¡En tu vida solo puedes amarme a mí! ¡No puedes amar a nadie más! —exclamó Manuel arrodillado.
Mira, tan seguro estaba de su control sobre mí.
¿Pero quién decidió que sería manipulada toda mi vida?
—No puedo tragarme una mosca y encima decir que está deliciosa. Así que tú, mosca repugnante, lárgate de una vez.
Manuel lloró desconsoladamente, era la primera vez que lo veía así.
—Liana, te amo. Después de esto me di cuenta de que siempre has sido tú a quien amo. Sin ti, sufro tanto que no puedo s