MAYA
Como puedo saco el teléfono de mi bolso. Las cosas dentro están un poco mojadas pero gracias a Dios he metido mis papeles en una carpeta de plástico. Intento encender el móvil. Nada. Rebusco el mechero.
—¿Te importa?
Sacude la cabeza de lado a lado. Él está seco, sé que ha ido a recoger a Mary y Denver del instituto y por la hora que es seguramente venga de dejarlos en casa.
Me mira, es de noche pero las luces de las farolas en la calle le alumbran la cara y le forman sombras de cansancio.