Con unas vueltas frente al espejo, quedé satisfecha con mi aspecto.
Sonó el teléfono - era Lucas.
—Hola, señor Montero.
—María, en unos diez minutos llegará el chófer.
—Perfecto, justo estoy lista, bajo enseguida —respondí animada y añadí apenada—. Siento que tengas que enviar a alguien por mí.
—No te preocupes, la carretera de montaña es peligrosa de noche. Si te invito, debo asegurarme de tu seguridad.
Siempre tan atento y considerado, sin dejar ningún detalle al azar.
Colgué, guardé el móvil