—Tengo un plan maestro. Haz lo que te digo —le indiqué.
—Oh... —Rosa pareció no entender del todo, pero de inmediato se puso a trabajar.
Antes de terminar su jornada, me proporcionó los contactos de varios responsables de agencias de cobro.
Les llamé uno por uno y, tras varias negociaciones, seleccioné a la más despiadada.
Mi petición era simple: cobrar ochenta mil a Carmen.
No me importaba el método, con tal de recuperar el dinero, estaba dispuesta a pagar el doble como comisión.
Carmen no tení