—Gracias... —agradecí mirando la comida que me servía, y luego bromeé sobre su comentario—. ¿Puedo preguntar lo que sea?
—Por supuesto.
Conteniendo una sonrisa traviesa, solté: —¿Entonces cuánto tienes en tu cuenta bancaria? ¿Cuál es la clave? ¿Cuántas propiedades y autos de lujo tienes? ¿Y con cuántas has salido, quién te ha gustado, o a quién le has gustado, tienes algún amor platónico? ¡Cuéntamelo todo!
Antes de terminar, ya no podía contener su sonrisa.
Cuando acabé, negaba con la cabeza rie