Tres días después, Val llamó para decirle que el chaleco estaba listo. Joaquín fue al taller con el corazón latiéndole con fuerza. No le había dicho nada a Mara sobre la carrera ni sobre el chaleco. Sabía que ella se preocuparía, que intentaría detenerlo, que no entendería por qué quería correr después de todo lo que había pasado. Pero no podía decirle la verdad. No todavía. No hasta que estuviera listo. No hasta que pudiera mirarla a los ojos y explicarle todo sin que el miedo lo paralizara.
E