El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte cuando Joaquín abrió los ojos. La luz tenue de la mañana se filtraba a través de las cortinas del penthouse, creando sombras suaves que bailaban en las paredes. Por un momento, todo estaba en calma. El silencio era profundo, roto solo por el suave susurro del viento y el latido de su propio corazón. Pero entonces, el dolor en su hombro derecho se hizo presente, como un recordatorio de que la batalla apenas comenzaba. Era un dolor sordo, consta