Joaquín estaba en la pista de carreras, con el sudor corriendo por su frente. El rugido de los motores aún resonaba en sus oídos, un eco lejano que se desvanecía lentamente mientras su mente se centraba en el teléfono que vibraba sin parar en su mano. El nombre de su abuelo aparecía una y otra vez en la pantalla, como un latido insistente que no podía ignorar.
El sol de la mañana comenzaba a calentar el asfalto, y el viento movía su cabello sudoroso, pero Joaquín apenas lo sentía. Su mirada es