Theo yacía inconsciente en la cama del hospital, con el pequeño rostro enrojecido por la fiebre. Una vía intravenosa atravesaba su brazo, y el goteo constante era la única señal de control en una situación que empeoraba cada minuto.
Cuando Rhys entró en la habitación, lo sintió de inmediato—
La tensión.
Santiago estaba sentado junto a la cama, en silencio, inmóvil… pero la presión que emanaba de él era asfixiante.
—Señor —dijo Rhys en voz baja.
Santiago se puso de pie sin decir una sola palabra