Leticia estaba a punto de esquivar la bala cuando, de repente, una mano atrapó su muñeca. Antes de que pudiera reaccionar, un brazo rodeó su cintura y la atrajo con fuerza contra un pecho firme. Su frente chocó contra algo sólido, cálido… masculino. Instintivamente intentó liberarse, pero el brazo alrededor de ella se tensó aún más, acercándola contra ese cuerpo. ¿Ese hombre estaba intentando aprovecharse de ella? Su mano descendió de inmediato hacia la cintura, donde ocultaba una hoja afilada, y sus dedos se cerraron sobre la empuñadura. Pero antes de que pudiera atacar, él la soltó. Leticia retrocedió inmediatamente, todos sus sentidos en alerta mientras levantaba la mirada hacia el desconocido. Y entonces se quedó inmóvil.El hombre frente a ella era absurdamente atractivo. Sus rasgos parecían tallados en piedra: cejas marcadas, nariz recta y definida, labios finos que transmitían una severidad natural. Había en él una elegancia imposible de fingir, una presencia que solo p
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