Capítulo 66. Una verdad que no todos conocen.
El sol entraba tímido por los ventanales del hotel. Las cortinas blancas ondeaban suavemente, y sobre la cama, Bastián sostenía un dibujo que había hecho esa mañana: tres figuras de palitos, con su mano diminuta firmando “Bastián” al lado de un corazón enorme.
Cuando Melisa se acercó, el niño corrió a abrazarla con una de sus sonrisas que derretía cualquier pena.
-- ¡Mami! Dibujé a mi familia – le anunció, alzando el papel con orgullo. -- Este soy yo, este eres tú… y este es mi papá. Pero no sé