Victoria llegó al despacho del licenciado Riva.
No había corrido desde el hospital. No lloró en el auto ni llamó a Laura o a Daniel. Solo pidió que la llevaran con el abogado y guardó silencio todo el camino.
La escena seguía fija en su mente.
Fernanda aferrada a la mano de Adrián.
Adrián diciendo: Estoy aquí.
Victoria ya no necesitaba convertirlo en una acusación. El patrón estaba claro desde hacía demasiado tiempo.
Cuando la secretaria la anunció, Rivas salió a recibirla con su seriedad habitu