Victoria bajó las escaleras con paso tranquilo.
No caminaba para llamar la atención. Tampoco para evitarla. Solo avanzaba como alguien que había decidido no pedir perdón por ocupar el espacio que le correspondía, aunque durante años le hubieran enseñado lo contrario.
El vestíbulo permaneció en silencio unos segundos.
Regina fue la primera en recuperar la compostura. Su mirada recorrió el vestido marfil, el peinado sencillo, la postura serena de Victoria. No encontró nada que pudiera criticar sin