Dante se quedó lívido, con la mirada fija en un punto inexistente de la pared blanca de la habitación. Las palabras de Karina: veneno, letal, Olivia, zumbaban en sus oídos como un enjambre de avispas. El pitido del monitor cardíaco comenzó a acelerarse, reflejando el caos que se desataba en su pecho. Dante creyó que no escuchó bien al principio y que se trataba de otra de sus alucinaciones.
—¿Qué estás diciendo, Karina? ¿Cómo es posible? —logró articular Dante con una voz ronca y seca—. ¿Cómo p