El aire en la habitación se volvió gélido.
Olivia se separó de Julián con una agilidad nacida del pánico puro, cubriéndose apenas con la sábana de seda mientras se lanzaba de la cama hacia Elena. La niña, con los ojos muy abiertos y la respiración entrecortada, retrocedió un paso hacia el pasillo oscuro. Olivia la sujetó con fuerza por los hombros, forzando una sonrisa tensa que no lograba ocultar el temblor de sus labios.
—Mi amor, tranquila... —susurró Olivia, con la voz entrecortada por el e