El ingreso de Dante en la suite de alta seguridad de la clínica fue más por sus síntomas que una situación protocolar. Además de punciones, monitoreos que emitían pitidos rítmicos y análisis de laboratorio que no arrojaban respuestas claras, también estaba Karina para encargarse de su bienestar. Karina, movida por una mezcla de deber ético y un lazo que se negaba a romperse, deambulaba en el hospital como un espectro blanco, pegada a un expediente que cada vez parecía más un laberinto sin salid