El aeropuerto internacional era un caos habitual de maletas rodantes y anuncios monótonos por megafonía. Sin embargo, para Dante, el mundo entero se había reducido al estrecho pasillo de la puerta de llegadas internacionales. Pasaron años desde la última vez que la tuvo cerca, y aunque las videollamadas habían acortado la distancia, nada se comparaba con la ansiedad eléctrica que sentía en ese momento de estrecharla en brazos. Su hija, su pequeña Elena, regresaba a casa con diecinueve años, con