Un mes después de que las sombras de Olivia y Julián finalmente se disiparan, dejando tras de sí un rastro de cenizas y lecciones aprendidas, la paz comenzó a echar raíces profundas en la casa de Karina y Dante. Finalmente encontraron su lugar en el mundo.
Sin embargo, en medio de esa calma recuperada, quedaba una verdad pendiente; una que quemaba en el pecho de Karina como un fuego lento y latía en el corazón de Dante con urgencia. Ambos sabían que no podían construir una vida sobre cimientos