Dante llegó al laboratorio de Karina con una energía renovada, caminando con una firmeza que contrastaba con la debilidad de los días anteriores y con la energía de tener todo lo que quería, incluyendo a su Karina y la pequeña Elena a su lado. Sus ojos, aunque todavía rodeados de ojeras, brillaban con la urgencia de quien recuperó el derecho a soñar tras años de pesadilla.
—Le pedí el divorcio a Olivia, Karina. Los trámites han comenzado formalmente esta tarde —anunció, cerrando la puerta del l