En la penumbra del salón, Luciano le relató a Ana los detalles técnicos de su conversación con Karina. Ana escuchaba con la respiración entrecortada, buscando en el tono de Luciano algún rastro de odio o desprecio que pudiera venir de su hermana, pero solo encontró una calma inquietante.
—¿De verdad no dijo nada más? —preguntó Ana, moviendo nerviosamente un anillo en su dedo—. ¿No gritó? ¿No me llamó traidora por "quitarle" a su esposo en su propia casa?
—No, Ana —respondió Luciano con un suspi