El abogado se retiró dejando a una Adeline a punto de escupir fuego por la boca. Se sentía al borde de una combustión.
Inmediatamente, tomó el teléfono de su oficina y marcó el número de su hermano.
—Gustavo —saludó con los dientes apretados, incapaz de contener todos los sentimientos negativos que la estaban atravesando.
—Iré por un poco de agua —dijo Georgia al ver su estado alterado.
La asistente se retiró y Adeline respiró profundamente, mientras escuchaba el saludo de su hermano.
—¿Qué