El coche de Aisha se estacionó en la villa de los Montecristo, ella respiró profundamente y pensó en lo que iba a hacer e incluso quiso volver pero sabía bien lo que estaba en juego en estos momentos y no podía darse el lujo de perder todo.
— Buenas tardes — ella miró a la empleada — he venido a ver al señor Alejandro Montecristo.
— Vaya que te has tardado en venir — él bajaba las escaleras con cierto cinismo — dime, vienes a pedir…
— Quiero hablar contigo, es algo urgente. Verás, mi tío dejó