Alejandro se levantó ante el tono insistente de la puerta, él abrió y miró a su secretario privado mientras sus ojos apenas se acostumbraban a la luz. Él frotó su rostro y respiró profundo.
— ¿Qué sucede? Por Dios qué escándalo si es tan temprano, espero que sea urgente.
— Si lo es, mire lo que encontré — él extendió el reloj y Alejandro lo miró con sorpresa.
— ¿Dónde lo has encontrado? — él lo tomó y lo examinó ¿Acaso te lo ha dado Mel Ortega?
— No, el reloj se encontraba con la señorita Ma