Ónix.
—Tiene que ser una broma —musitó por lo bajo.
Parpadeó varias veces, no creyendo lo que veía porque le resultaba irreal. Dio otro par de pasos y quedó al lado del enorme perro. Se percató de la correa, un tazón y una bolsa de alimento, todo meticulosamente acomodado en medio de su porche. Bufó unos cuantos improperios, miró hacia la casa contigua y no divisó a su vecino. Se permitió maldecirlo porque sí y centró la mirada nuevamente en las cosas del perro, notando de inmediato algo que parecía