Infraganti.
Resultó que su vecino era un descarado, sinvergüenza y un atrevido. Lo que pensó que podría ser el inicio de una relación armoniosa —después de hablar y que su vecino viera con sus propios ojos lo que su perro hacía en su patio—, estaba lejos de ser una realidad.
Quiso descartar de inmediato de su mente aquella tarde cuando, por primera vez, tuvo la oportunidad de hablar y enfrentarse con el tipo, bueno, chico, pero la escena se repetía una y otra vez como si fuera una película de categoría B.