88. Víspera de Navidad
El veinticuatro de diciembre amanece lentamente, y la luz tenue del sol se filtra entre las cortinas. Abro los ojos y siento la calidez del cuerpo de Giovanni junto al mío. No quiero moverme. Su respiración profunda me calma. En el momento que abre sus ojos, se percata de que le he estado observado. Me acaricia la mejilla y me sonríe con esa mirada adormilada que me derrite.
— Buongiorno, bella —murmura, su voz aún ronca.
—Buenos días —respondo con una sonrisa.
Él suspira y, de repente, se inco