45. No soy una muñeca
Ambos han optado por ignorar mis deseos de estudiar y han aparecido frente a la puerta de mi apartamento; uno ya está cómodamente sentado en uno de los sillones de mi sala, con un vaso de whisky en la mano, mientras que el otro está de pie frente a mí, sosteniendo una pila de libros entre sus brazos. Este último no parece estar muy contento; es evidente su furia, las llamas en sus ojos arden como si la presencia de Gabriel estuviese atizando el fuego que le quema por dentro.
—Vaya —reacciono, s