44. La luz
El desconcierto se refleja en la mirada de Gabriel cuando le doy mi respuesta. Estoy segura de que esperaba un sí rotundo, como si fuera un acuerdo sellado desde hace tiempo. Y habría sido así meses atrás, cuando recorría las puertas de varias empresas en busca de cualquier oportunidad laboral. Pero ahora las cosas son diferentes. Ahora, no puedo simplemente entrar en ese mundo siendo quien soy: la prostituta más codiciada de Londres.
—¿No? —insiste Gabriel, buscando confirmación.
—No —respondo