37. El disfraz anhelado
Cruzo la puerta de servicio, esa entrada discreta al club que se esconde en el callejón lateral. Al atravesarla, me sumerjo en el pasillo que conecta la cocina y el camerino. Es entonces cuando la figura de Murgos captura mi atención: sola, inmersa en sus pensamientos, disfrutando de una copa en medio de la tranquilidad y la soledad momentánea de la cocina. Mi curiosidad me guía hacia ella, cambio mi ruta para acercarme y descubrir qué puede estar pasando con la dueña del club.
—Hola… —saludo