152. Un almuerzo entre confidencias
—No, Yonel —respondo, sin dejar lugar a duda en mi tono—. No pienso aceptar ese tipo de trato.
Su sonrisa maliciosa apenas se desvanece. Parece disfrutar viéndome tensa, incómoda.
Respiro hondo, cuento hasta tres en silencio. No puedo perder la calma. No con alguien como él. Si me dejo arrastrar por la ira, le daré lo que quiere: el placer de verme derrotada.
Enderezo la espalda, cruzo las piernas y lo miro con firmeza.
—Escúchame. Este proyecto no es solo un capricho mío. Es una propuesta