135. El poder del Bee Gees
El cuarto es pequeño, sencillo, funcional. Una cama de sábanas blancas estiradas sin demasiada ceremonia ocupa el centro; a un lado, un pequeño sillón gastado y una mesa redonda con una lámpara de luz amarilla tenue. Las paredes, desnudas salvo por un espejo colocado estratégicamente frente a la cama, me recuerdan un poco a mi habitación del club..., pero sin la magia, sin el lujo, sin los detalles que hacen sentir especial el espacio. Aquí todo es más crudo, más real.
Apenas cierro la puerta d