133. Almuerzo para tres
Tres minutos antes de que el reloj marque la hora de almuerzo, suena el teléfono en mi oficina. Lo contesto de inmediato, y al otro lado de la línea, la voz suave y cálida de David me dice:
—Hola, Miriam. Estaré esperándolas en el vestíbulo.
—Perfecto. Ya bajamos —respondo, haciendo un esfuerzo por mantener la voz casual.
Cuelgo la llamada, me levanto del escritorio, tomo mi cartera y camino hacia la puerta. Me asomo y busco con la mirada el escritorio de Vanessa. Ella ya está atenta, con los o