13. De regreso a la universidad
Marthuski suspira y se muerde el labio inferior, una señal inequívoca de que algo está a punto de salir de sus labios.
—Así que él vino hoy —murmura en voz baja.
Parpadeo, mis dedos temblando ligeramente mientras ajusto el cierre de mi bolso. Ese cliente, el que ella tiene en mente, el responsable de esa sufrida sonrisa que se dibuja en sus labios, es el cliente a quien acabo de atender, quien me prometió venir por más.
Por lo que tengo entendido, Madame Esther tiene prohibido relacionarse romá