12. El segundo cliente
Refugiada tras un antifaz, escondo mi verdadera identidad, mi ética y mi moral, solo así podré hacer mi trabajo sin herir mi autoestima.
Este cliente también se ha sorprendido al verme usar un antifaz, al parecer, soy la única trabajadora sexual que usa uno en este club. En su sonrisa coqueta he podido leer las palabras: travesura, diversión y exploración.
«Ya sé cómo tratarte».
Este hombre no ha perdido tiempo en llevarme hasta la cama, tan solo hago cerrar la puerta y enseguida me sorprende p