109. El lugar donde siempre quise estar
Yonel se acerca peligrosamente, su mano intentando deslizarse bajo la tela de mi traje. El corazón me late con fuerza, pero no de miedo, sino de una furia que apenas logro controlar. Con un movimiento brusco, lo empujo hacia atrás.
—¡No te atrevas! —mi voz suena más firme de lo que esperaba—. Si vuelves a tocarme, se lo diré a Gabriel.
Yonel me observa con una mezcla de rabia y desprecio. Sus ojos oscuros parecen calcular cada movimiento mío, como si estuviera evaluando mis límites. Sin decir