Mientras me cepillaba entretenida los dientes, no miré a Yoli ni una vez, pero ella no me quitaba los ojos de encima, examinándome de arriba a abajo.
— Sara, esta es Yoli — nos presentó la casera.
Con la boca llena de pasta, miré hacia Yoli. Tenía cara redonda pero no era gorda. Llevaba un vestido floreado y maquillaje. Se notaba que se había arreglado con esmero para venir.
— Yoli, esta es la Sara que querías ver. ¿No te dije que era preciosa? — dijo entusiasta la casera mientras lavaba ropa a